‘México – Estados Unidos’, un binomio que desde hace algunos meses ha cobrado especial interés ante los ojos del mundo. Y es que de acuerdo con cifras, actualizadas al 18 de julio de 2017, de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa); nuestro vecino del norte es nuestro principal socio comercial al alcanzar un valor de 24,874 millones de dólares en exportaciones, seguido de Canadá con 1,844 millones de dólares, y de la Unión Europea con 1,521 millones de dólares.

Es así que todo asunto enfocado en dicha relación bilateral, se convierte en motivo de análisis y evaluación. Tal como sucede con la renegociación del TLCAN y, recientemente, con la Reforma Fiscal, la cual fue aprobada por la Cámara de Representantes y el Senado estadounidense. Mucho se ha dicho que, de concretarse, pondría en juego la posición de México como país competitivo y atractivo para la inversión internacional. Ello nos lleva a preguntarnos:

¿Cómo impacta a México?

Estados Unidos ha propuesto una nueva reforma fiscal que básicamente, tiene como esencia la aprobación y ejecución de dos medidas de acción sobre la forma de tributación de las empresas americanas, que implica:

  • Reducir el impuesto sobre la renta corporativo, olvidando la actual tasa máxima de 35% que pueden llegar a aplicar a cada uno de los negocios establecidos en la unión americana y proponiendo una tasa corporativa del 20%, ello además de eliminar los impuestos adicionales para sociedades que acumulen ganancias y no distribuyan dividendos.
  • Que no se pague impuestos por los dividendos o utilidades que provengan del extranjero, de tal manera que solo se graven las ganancias obtenidas en Estados Unidos de América con una tasa reducida y las obtenidas en el extranjero solo se graven, en su caso, en el territorio en donde se generen.

De consolidarse esta reforma, México se verá inmerso en un marco de competitividad acelerada, es decir, sería necesario el aumento de incentivos de inversión y/o fiscales, para compensar aquellos impactos percibidos por la reforma en Zonas Económicas Especiales de México, las cuales tienen como objetivo el ser más productivas.

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Naturalmente, de aprobarse la reforma fiscal en Estados Unidos, implicaría que México debiera disminuir la tasa corporativa de Impuesto Sobre la Renta (ISR), intentando competir con el nuevo porcentaje propuesto en Estados Unidos; el cual, por sí mismo representaría la búsqueda por duplicar el número de contribuyentes, opción que, si bien no es imposible, puede ser catalogada como no apropiada para la situación económica que vive México en la actualidad. Ello generaría una presión en las finanzas públicas mexicanas al no existir margen para más deuda o la posibilidad de una reducción en la inversión pública, la cual es considerada como la más baja desde 1939.

De igual manera, y bajo la tendencia que existe en los países miembros de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), la tendencia es disminuir la tasa corporativa y aumentar los impuestos al consumo, en este caso, el impuesto al valor agregado, situación que, eventualmente, podría ser considerada como una alternativa para México.

Como lo he comentado antes, esta reforma fiscal implica que México active una alarma más que denota un futuro incierto en cuanto a su economía se refiere, una incertidumbre que, si bien le quita el sueño a más de una persona, impacta la velocidad con la que esta reforma avanza en el sistema legislativo estadounidense.

Solamente nos queda esperar que nuestro actual y, a su vez, futura administración tome las riendas de la mejor manera, haciendo frente a la situación, olvidando sistemas antiguos y fuera de vigencia, con el objetivo que contrarrestar los posibles efectos de la ya mencionada reforma y retomando aquella idea que prioriza el aumento del mercado interno, priorizando la inversión social, a la vez que disminuimos la inversión extranjera.