En México existe un severo rezago en materia de reciclaje. Aquí sólo se reduce entre el dos y cinco por ciento de los desechos, mientras que en países nórdicos alcanzan entre 60 y 70 por ciento, resaltan expertos de la Universidad Nacional Autónoma de Mexico, UNAM.

Desarrollado en 2015 por EcoPUMA, Estrategia de Universidad Sustentable, el distintivo del MIRSU B0 elabora para su posible implementación, acciones y procesos que disminuyan progresivamente la cantidad de basura (residuos revueltos no aprovechables) llevada a los sitios de disposición final, hasta llegar a cero.

El objetivo es cumplir con la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos Sólidos (LGPGIR) y exaltar los principios éticos de la Universidad al dar un ejemplo de gestión ambiental propia.

Cabe destacar que, por reciclar ocho toneladas de residuos urbanos y transformar en composta el 90 por ciento de sus residuos alimenticios y 100 por ciento de los de jardinería durante 2017, tres entidades del campus Morelos de la UNAM obtuvieron Distintivo Oro en el Programa Manejo Integral de Residuos Sólidos Universitarios con enfoque Basura Cero (MIRSU B0).

El Centro de Ciencias Genómicas (CCG), el Instituto de Biotecnología (IBt) y el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) son las primeras entidades de esta casa de estudios en Morelos que alcanzan la certificación otorgada por el EcoPUMA (Estrategia de Universidad Sustentable) por separar y gestionar el 75 por ciento de residuos sólidos (papel/cartón, PET, bolsas, vidrio, lata, aluminio, pilas o fierro).

Para Raúl García Barrios, coordinador del MIRSU B0 en ese campus, la separación correcta de los residuos es fundamental para su manejo integral, pero la clasificación no debe ser por sus características (orgánicos o inorgánicos), sino con base en su destino.

Para ello, “es esencial que haya demanda de los desechos para reciclar en categorías como lo hicieron en el campus universitario: orgánicos compostables (bote verde), plásticos valorizables (bote azul), papel/cartón (bote café), envases (bote amarillo) y basura no valorizable (bote gris).

De igual manera, es indispensable modificar los patrones de consumo personal e institucional. “Aquí empezamos a compostar los residuos orgánicos en los jardines y trabajamos en un método que permite hacer lo mismo con productos de laboratorio como el bagazo”, agregó el también investigador del CRIM.

Además, finalizó, se debe evitar la utilización de vasos y platos desechables.